La luna ha servido durante siglos como referencia para medir el tiempo, organizar labores y construir imaginarios mágicos. Sus fases forman parte de numerosas prácticas, aunque sus significados no han sido iguales en todos los lugares ni épocas.
Trabajar con los ciclos lunares puede entenderse como una forma de ordenar la práctica y elegir momentos con intención, sin presentar esas correspondencias como hechos científicos.



